Para mi fue toda una revelación: estaba permitiendo que esos pensamientos me hicieran sentir tan insegura que acababa por no hacer lo que me había propuesto. Cosas tan sencillas como dibujar en mi libreta en vez de en papeles sueltos, crear un blog, publicar un dibujo en mis redes, hacer un fanzine o ponerle un precio a ese fanzine, terminaban por quedarse sin hacer. Así que empecé a hacer las cosas poco a poco a pesar de estar mal y tener esas voces metidas en la cabeza. Y aunque todavía de vez en cuando me hacen alguna jugarreta y me caigo en un agujero del que no sé cómo salir. La diferencia es que tarde o temprano y aunque suene a tópico, se me enciende una lucecita que que me deja ver que esa no es la realidad, que son solo pensamientos y que mi capacidad de acción y actitud son bastante más amplias que ese túnel en el que me he metido.
¿Habéis pensado alguna vez qué le permitís a vuestro censor?
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