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Querer meditar es todo un tema. Siempre tengo mil cosas que hacer o simplemente no me apetece, pero si lo hago, luego me siento mejor. Hay hábitos que salen solos, por ejemplo, cosas como comer fruta o llevar paraguas cuando llueve, son fáciles. En cambio, subir botellas de agua al estudio, hacer ejercicio o meditar son hábitos que requieren un esfuerzo extra. El principal obstáculo con el que me he topado para meditar es encontrar el momento y he llegado a la conclusión de que ese momento mágico nunca llega. Hay que crearlo.
Para hacerlo me hice un esquema y marqué los momentos que creía que:
1. Me iría bien meditar (por ejemplo, antes de ir a buscar a mi hijo a la guardería)
2. Probablemente tendría posibilidad de hacerlo (por la noche o a primera hora de la mañana)
Luego dividí las meditaciones en tres categorías:
1. Meditación larga
2. Meditación media
3.Meditación corta
Y en cada una de ellas puse los minutos que estaría dispuesta a meditar.
El resultado fue éste:
Para las meditaciones cortas me dí cuenta que no hace falta tener un espacio fijo, la del mediodía la puedo hacer en el metro mientras me desplazo o en un banco de la calle mientras que la de primera hora de la mañana puedo hacerla en la cama mientras remoloneo o en la silla del comedor.
En la práctica, lo que esto me ha aportado es; tener más claro cuando puedo hacerlo; tener la certeza de que sí hay tiempo; y saber que es algo razonable dentro de mi esquema diario y que puedo llevarlo a cabo sin agobios.
Si estás buscando el momento para meditar y no lo encuentras te puedes descargar la siguiente imagen y rellenarla o bien reservar esas franjas de tiempo para meditar en tu calendario o agenda.
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